Estación Interactiva de la paz

Maquina para Comenzar de Cero

 

 

Maquina para Comenzar de Cero-Estación Interactiva de la Paz- un Container Móvil que narra de una manera dinámica, creativa y cotidiana, transformaciones para la sociedad colombiana en en torno a 4 principios vitales: 1. Reconciliacidón y reparación 2. Tolerancia y paz 3. Memoria histórica como elemento significativo para la no repetición 4.  Construcción de segundas oportunidades. La estación es una experiencia innovadora que se implementó en 3 lugares de Colombia: Bogotá, Suesca y Sesquile y contó con experiencias interactivas y herramientas tecnológicas unidas a una narrativa dirigida a la Cultura Jóven en torno a la construcción de paz.

 

Este proyecto proyecto fue ganador del Premio Crea Digital 2016 // Mejor proyecto de Tecnologías y Cultura de Paz // del Ministerio de las Tecnologías de la Información y el Ministerio de Cultura.

 

 

 

 

 

 

 

 

¿QUÉ HISTORIAS ENCONTRAMOS EN LA MAQUINA PARA COMENZAR DE CERO (PRIMERA EDICIÓN)?

 

 

 

 

 

 

En Suesca el talento nuevo suena a la paz

 

 

Maquina para Comenzar de Cero- Suesca -Colombia from poliedrodigital on Vimeo.

Amelia, Julio y Gustavo han crecido viendo cómo a su pueblo llegan personas a buscar aventuras en las rocas cercanas. Ven cómo cada día llegan visitantes con sogas, arneses, pasamontañas, chalecos industriales, cachuchas, morrales y más equipos que pesan mucho. Todo el año ven personas que visitan Suesca con el deseo de escalar las legendarias rocas y de estar algunos días allí.

 

Ha sido habitual para ellos ver cómo estas personas buscan estar con la naturaleza y no descartan que en unos meses, ellos también hagan lo mismo. Al fin de cuentas, todo el paisaje de Suesca lo llevan en su cuerpo y alma puesto que a sus edades (11, 12 y 11 años) solo han tenido ojos para esos paisajes. Los tres han crecido jugando en las calles del pueblo y tienen ganas de vivir otras aventuras. Los tres son los compinches de la vida que han crecido y se han aguantado todo en las buenas y en las malas.

 

Para ellos, ver a estas personas ha sido una manera de entender que hay un interés por el pueblo y ellos bien se encargan de cuidarlo. En su escuela, los profesores se han encargado de darles a conocer la historia de ese lugar que cada vez más llama la atención. Y es que a tan solo 60 kilómetros de Bogotá, estos son la conexión más cercana a un legado indígena chibcha. Suesca se ha convertido en un pueblo de 17000 habitantes que bien acoge a los que quieren estar a tono con la naturaleza.

 

Y estos niños, que han visto cómo la gente llega en camionetas con equipos pesados a vivir y sentir esos parajes, quedaron pensativos al ver un objeto metálico grande en la plaza por la que pasan todos los días. Julio fue quien primero lo vio, cuando llegaba y se instalaba en tarde del 5 de diciembre de 2016.

 

Preguntó a los que estaban allí haciendo el montaje si iban a ir a las montañas, porque tenían pinta de tener muchos equipos para escalar.

 

  • No, no estamos acá para ir allá.
  • ¿Entonces todas esas cosas qué hacen acá?
  • Venimos a compartir la experiencia del container de la paz. Algo que está llegando a Colombia y que hará que muchos más puedan venir a disfrutar estos lindos paisajes de Suesca.
  • ¿Qué, qué? Eso es muy chévere. Yo quiero que eso lo sepan mis amigos Gustavo y Amelia.
  • Llámalos y diles que tenemos sorpresas para ellos, porque todos los que conozcan lo que tenemos acá, van a vivir la paz de otra manera.
  • ¿De verdad?
  • Claro que sí. Estamos acá para que seas parte de la paz. Tenemos cosas bonitas que necesitan tu aporte.
  • ¡Uy me voy corriendo a buscar a mis amigos!

 

Como el típico pueblo latinoamericano en el que una noticia se vuelve un corrillo y un viento único, más se demoró Julio en buscar a sus amigos que ellos en encontrarlo para que fueran a ver esa caja grande por la paz.

Los tres niños llegaron, pero no fueron los únicos. Ya los colores y las formas de la caja, habían llamado la atención de los habitantes del lugar.

 

  • Yo quiero, yo quiero ver qué hay aquí dijo Amelia. En su mirada había curiosidad y alegría.
  • Ey, yo también dijo Gustavo

 

Mientras les explicaban que querían darle oportunidades a la paz de otras maneras, cada uno quería vivir los momentos mágicos del container.

 

Maquina para Comenzar de Cero //Suesca //Colombia from poliedrodigital on Vimeo.

Atardecía aquel día y los tres niños no habían llegado a sus casas. No se habían reportado y no estaban jugando o viendo televisión luego de hacer sus tareas. Su ansiedad se volvió el deseo de jugar y conocer más.

 

Amelia hizo la fila para estar en la bicicleta y pedalear fuertemente para ver el mensaje. Es que ella se inspira en Nairo Quintana y en lo que sus padres le han contado de Lucho Herrera. Ella pedaleaba la bicicleta como si fuera el cielo el que estaba recorriendo. Y al hacerlo, sus ojos reflejaban la esperanza de un nuevo amanecer.

 

Julio no se aguantó las ganas y se fue directo a la pista donde al moverse, su sombra generaba los mensajes que él leía en voz alta. Se quedó allí unos buenos minutos y tuvieron que decirle que había otros niños que también querían estar allí. Él amablemente accedió y dejó que los demás vivieran la experiencia.

 

Gustavo encontró su vocación. Tantas veces que veía a su primo Nicolás poner hip hop en su celular o llevar una memoria USB cargada de puras rimas latinas, y decirle que era era la música de la realidad y la esperanza, que sintió la necesidad de cantar por la paz. Llamó a Julio y a Amelia y les dijo que lo ayudaran con los ritmos.

 

Los tres chocaron sus manos y se sintieron listos para participar en la actividad.

 

Entraron al container y comenzaron a armar una canción. De un momento a otro, Gustavo decía cosas como:

 

“Estas son las cosas que me gustan. Los niños que crean, los niños que aportan, si si, dame una rima si, si, Porque estamos aquí en Suesca, creando, soñando, aspirando a eso que Colombia y merece que se llama paz, paz...si, si”

 

Cantaba y saltaba. Y con tanta alegría que además Amelia y Julio lo animaban para seguir.

 

En pocos segundos, el Rap de la Paz era una realidad. Tan real que sus padres habían llegado y lo habían encontrado feliz de verlo cantar. Hicieron un pequeño video que compartieron a través de sus celulares con la canción.

 

En pocos segundos, Gustavo era la nueva estrella del hip hop de Suesca.

 

Y todo porque sentía que la paz estaba hecha para que los niños crecieran y crearan más. Ahora Suesca escala bien todo aquello que hará que la paz sea una realidad.

 

Maquina para Comenzar de Cero Suesca from poliedrodigital on Vimeo.

 

Aún así volvió a pedalear

 

A sus 46 años, William no ha envejecido, pero tampoco ha dejado de ser el mismo hombre que entre la inocencia y el anhelo ha escuchado la narración de su país por parte de su familia. William es un invidente que siente a través de su cuerpo, pero a quien su familia le ha narrado el acontecer del mundo por años.

 

Aquella noche del jueves 15 de diciembre, su habitual rutina de salir y ser guiado por su madre cambió. Todas las noches salen a comprar pan y leche para el desayuno en una de las panaderías del barrio Veinte de Julio. Por años han recorrido esas calles y conocen ese camino que los lleva de su casa a la panadería y que tiene que pasar por ese sitio.

 

Esa misma plaza que domingo a domingo ha medido el pulso de la fe católica colombiana y que por años ha sido también el sitio de reunión de la comunidad, esta noche ofrecía una experiencia única del cual William fue parte. Su madre fue lo guió como lo ha hecho siempre, pero esta vez no caminaron como lo han hecho siempre. Esta vez, su mamá, la señora María Inés vio una caja metálica grande en la plaza. Y esa caja emitía sonidos y luces que no eran comunes para ella.

 

La señora María Inés se asustó un poco; en todo el tiempo que ha vivido en el barrio, sabe que los domingos, hay una romería gigante de personas que asisten a misa y vienen de todas partes de la ciudad, también de Colombia y hasta se sabe que de otros lugares también. Pero este jueves, su temor se convirtió en alegría y a la vez en el reflejo de aquello que su hijo William podía sentir.

 

Bogotá estaba alterada, justamente se vivía una jornada de ciclovía nocturna y las calles de la capital le daban un saludo a la navidad. Así que la cantidad de sonidos y luces que estaban vigentes y que podían distraer a cualquiera, bien estaban allí. Y de todo esto que la señora María Inés encontró, vio una gran caja metálica que hizo que desviara su camino.

 

William le preguntó que si ya iban a llegar a la casa; pero su madre le dijo que iban a a hacer una parada, porque algo no parecía normal.

 

  • Mamá, ¿qué a dónde vamos?
  • Mijo, hay una caja grande metálica en la plaza. Nunca había visto eso.
  • ¿Y qué hay allá?
  • Vamos, porque no me voy a quedar con esa duda.
  • Pues me dice qué es mamá, a ver qué es lo que hace que no lleguemos a la casa.

Los pasos se volvieron motivos y María Inés y William llegaron a esa caja grande que luego vinieron a recordar como container.

 

A María Inés le dijeron: Señora, bienvenida, este es un container de experiencias para la paz.

Maquina para Comenzar de Cero // Montaje Sesquile-Colombia from poliedrodigital on Vimeo.

 

La señora no entendía de qué se trataba, pero estaba segura que era algo que le iba a cambiar algo en su vida y en la de William. Veía a niños y a jóvenes sonreír y hacer ruidos, cantar y moverse. Y ella también quería que William también sonriera.

 

Entró y conoció las experiencias que permitían acercarse a una nación que en paz construye y edifica. Vio a los niños tocar y componer un rap sobre la paz, y guió las manos de William para que ellas también aportaran.

 

Le dijeron que podía escribir en los corazones, mensajes sobre la paz que le permitieran tener esperanza, Pensó unos momentos y escribió los recuerdos de su primo Javier, que había caído en un combate del ejército contra un grupo guerrillero en el Caquetá en los años ochenta. Muy en el fondo, le hubiera gustado que Javier hubiera hecho reír a William, porque era un muchacho muy recochero. Pero se fue muy temprano del mundo y ella lo vino a recordar con el corazón el cual pegó en el container.

 

Mientras la noche transcurría, veía cómo llegaban más niños y jóvenes. Y si tal vez ella era una de las pocas personas mayores que allí estaban, lo que bien quería hacer era que William también sintiera esa alegría o viviera esa experiencia.

 

Luego de vivir aquella experiencia, llevó a su hijo con cuidado hacia una bicicleta que al pedalear con fuerza, hacía que la fuerza moviera un circuito con un proyector que mostraba imágenes y mensajes de reflexión.

 

A la señora María Inés le dijeron que esa máquina se llamaba XXX y que con ella iba se interactuaba para hacer que la paz se llenara de la energía de los habitantes de Colombia. Sin pensarlo dos veces, William tenía que estar allí.

 

Pidió ayuda y a William lo llevaron hasta la bicicleta. Eran ya las 8 de la noche y la ciudad hervía de ánimos. Pero lo que tenía por hacer William allí, solo lo podía hacer él, sin temor alguno a equivocarse.

 

Cuando William estuvo sentado en la silla, oyó las voces de niños que le contaron, uno dos, tres con mucha fuerza. Ahora él empezaba a pedalear, pero en menos de dos segundos, se le había zafado uno de los pies del pedal. A sus 46 años, eran tan inocente como tan maduro para estar allí.

 

Volvió a pedalear, pero se volvió a zafar del pedal.

 

Aún así volvió a pedalear.

Y cuando menos pensó. Lo hizo para siempre. Su ritmo le permitió pedalear y hacer que su fuerza permitiera accionar el proyector que si él no podía ver, los que lo animaron sí.

 

Más rápido le gritaron.

 

Y en cinco segundos, su ritmo hizo que la máquina funcionara en pleno.

 

Todos lo animaron y aplaudieron. Él se sentía, cansado, confundido, pero también alegre. No había más motivo para vivir más que esa alegría plena de haber pedaleado.

 

Su mamá lo abrazó y le dijo que había hecho todo muy bien. Que por la paz, había pedaleado y hecho feliz a los que allí estaban. Todo transcurrió en tan solo diez minutos. Justo una pequeña desviación del rutinario trayecto para comprar la leche y el pan del desayuno.

 

Pero suficientes para que sin haberlo visto, pero si vivido, William hubiera vivido una experiencia por la paz, que en su vida había esperado vivir. Todo porque su mamá, la señora María Inés vio que una caja metálica grande estaba en la plaza del veinte de julio y que allí había luces y sonidos que jamás había visto allí.

Maquina para Comenzar de Cero // Sesquile-Colombia from poliedrodigital on Vimeo.

Uniendo experiencias y redes en Sesquilé

 

 

Juan Ernesto López llegó a trabajar al Container de la Paz, aprovechando un llamado que le hizo un primo que sabe cuánto aprecia él el uso de la tecnología y de paso, cómo puede ayudar a las personas. Y es que Juan Ernesto creció jugando juegos en consolas y vio cómo los mundos que recorrió pueden ser una manera de estar atento a otras cosas.

 

En aquellos mundos que ha recorrido donde ha derrotado villanos y ejércitos intergalácticos ha estado más que atento a recoger recompensas que lo han hecho feliz y le han hecho ganar puntos, vidas o han reforzado sus habilidades. Pero una cosa es manejar el lenguaje de los juegos de video y otra tener acceso a la tecnología para estar en contacto con la gente. Él confiesa que ha interactuado con su consola o cuando juega en línea, pero esta era una oportunidad única.

 

Como joven que está comprometido con los sistemas y las redes, quiere que ellas construyan cosas para la sociedad; así que cuando le dijeron que iba a estar en dos pueblos de Cundinamarca y en Bogotá, haciendo que los niños, los jóvenes y los adultos se acercaran a las experiencias interactivas del Container de la Paz, hasta él mismo se sintió animado a conocer cómo la paz está hecha para ser compartida.

 

Buscó en Wikipedia y a través de google, detalles de la población cundinamarquesa de Sesquilé. Recordó cómo siendo niño pasó por allí y le contaron la leyenda de la balsa muisca. Se fue llenando de ideas en su cabeza y de notas en su teléfono de lo que quería hacer o vivir allá.

 

Cuando viajó con el equipo de El Roble producciones hacia Sesquilé, sentía un poco de frescura de alejarse de la ciudad, pero también la ansiedad propia de ir a un lugar que si bien está cerca de Bogotá, es distinto de todo lo que él ha conocido a lo largo de su vida.

 

Al preguntársele qué espera de poder estar allí, responde:

 

“Quiero ver qué siente la gente o qué vive cuando se habla de la paz y se hacen experiencias para que se puede vivir de una manera distinta. Este container es algo que pone a prueba, o mejor, une la tecnología con la esperanza y la búsqueda de un mejor futuro.”

c1 from poliedrodigital on Vimeo.

 

Cuando llegó al pueblo, ayudó a desmontar los equipos de la camioneta y luego se encargó de probar todos los sistemas y circuitos de las experiencias. Él mismo tuvo que probar La máquina para comenzar de cero, el musicometro, el perdonometro y todas las demás y asegurarse de que funcionaban bien.

 

Cuando tenía dudas de cómo conectar y ajustar cosas, escribía en el grupo de Whattsap que tiene con sus compañeros de universidad. Algunos no comprendían aún qué estaba haciendo en Sesquilé, pero sabían que era algo que él quería. Y salían así emojis capaces de explicar las emociones de alegría, sorpresa y esperanza.

 

Al ver que la gente se acercaba y preguntaba por qué estaban armando con esas mesas y pantallas algo que nunca habían visto, él respondía que estaban haciendo unos juegos bonitos para la paz.

 

Y para que esto valiera la pena, los juegos tenían que ser gozados completamente, pero de la mejor manera. Por eso prestó especial atención a las instalaciones, los cables, los terminados y todos esos detalles que mostraban el cuidado que un proyecto como este ha de tener. Mientras sus compañeros organizaban el container, él también se fijaba en aquello que era parte esencial de la experiencia: los cables y las conexiones.

 

Cuando todo estuvo listo y preparado, se sintió feliz, pero también quería ver las reacciones de los niños y adolescentes. Así que quería llevarse los detalles de Sesquilé en su memoria.

 

El container abrió sus puertas y lo primero que recibió, fueron dos niñas que pasaban por allí y quisieron que les contaran de qué se trataba todo. Él les mostró todo lo que se podía hacer allí y se ocupó de hacer que la experiencia fuera única.

 

En esa visita atendió más de 40 niños, 30 adolescentes, 20 adultos y hasta 5 abuelitos que llegaron allí por sus nietos.

 

Para Juan Ernesto, esta visita completaba su ansiedad. Pensaba justamente que la paz es un camino y una necesidad, pero además de eso, una posibilidad. Vio a los niños sonreir, a los adolescentes inquietarse, a los adultos querer ser niños para gozar de nuevo todo y a los abuelitos, agradecer por justamente traer otras formas de paz al pueblo. No era esta la tradicional paloma, esta es una paz para otros tiempos.

 

Para él, es la paz que viene de la mano de acción, creación y desarrollo. Y era su apuesta a través de su experiencia y estudio. Su pago no era solo el dinero por estar trabajando, era por ver que si hay posibilidades para creer. Y que la experiencia para hacerlo posible, también tenía que ver con lo que él sabe hacer: unir, programar y generar interactividad. Al fin de cuentas, proviene todo de la naturaleza y se expande a través de las redes en las que todos estamos.

 

La paz que él ayudó a construir, está en esa base de la experiencia digital e interactiva que aquel container llevaba. Y eso, no estaba en ninguno de los juegos o consolas con las que ha jugado toda su vida.

 

 

C4 from poliedrodigital on Vimeo.

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